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domingo, 4 de febrero de 2018

Lo que hiciste

El pecho se me rasgaba en dos como la vetusta pangea. El dolor me paralizaba el cuerpo. Notaba los frenéticos latidos en cada lugar de mi. Cerré los ojos, me apoyé en la pared y dejé que la tranquila atmósfera entrara por la abertura sangrante y abrazara mi vacilante y arrítmico corazón. Concentré todos mis esfuerzos en esa zona y le conté una historia: los árboles danzaban enamorados con el viento, los tímidos rayos de sol navegaban por el cosmos y pegaban en mi cara con un cálido cariño, la última luz del día animaba a un pájaro a cantar. Pasó un camión. Cantó otro pájaro, ¿sería el mismo? Las hojas seguían con su esotérica lucha, chocándose unas con otras. El animado bullicio del resto de los invitados me desconcentraba. Tomé más vino, me quemó la garganta y goteó a través de la herida, mezclándose con la brea que caía al suelo. Eran dos pájaros, ahora estaba seguro.
Las orejas me ardían, las manos me temblaban, no sabía dónde estaba. El terremoto encerrado en mi tórax rugía y se sacudía violento, si seguía así terminaría explotando como un cañón lanzando todas mis entrañas al exterior. 

Quería que se detuviera, quería arrancármelo, tirarlo al suelo, pisarlo y maldecirlo; quería reducir a la nada toda la vida, quemar ciudades, asolar la tierra, secar los mares, derribar las montañas, pulverizar los planetas, congelar las estrellas, devorar el universo y todo lo que contiene para que aquello cesara.

Abrí los ojos. Tenía mi corazón en la mano agitándose como un loco, lleno de cólera, impetuoso y descontrolado. Viento, árboles, hojas, pájaros. El sol se había ocultado. Mi mano apretaba firmemente la víscera inmóvil, petrificada como una bailarina de una caja de música cuando se acaba la cuerda. Volví a colocarlo todo en su sitio y fui a por más vino

domingo, 25 de junio de 2017

El sueño más bonito que he tenido en meses al despertar se ha convertido en una pesadilla

Despertaba.
Aquella cama tan cómoda. Aquella luz tan tenue. Aquella isla de paz. Era temprano, estaba en el lugar más silencioso del mundo. Mi respiración y su respiración eran lo único que bailaba en el ambiente, todo lo demás estaba inmóvil. Los corazones latían muy despacio. Me di la vuelta lo más silente que pude mientras soltaba la primera sonrisa del día y me acerqué a ella. Miré, olí, escuché. saboreé y toqué. El color rojo, el mejor de los aromas, el silencio más armónico, el mejor de los bocados y la piel más suave del mundo.

Me desperté otra vez, «que cama más incómoda», pensé.

martes, 18 de abril de 2017

El idioma del sexo

- Fóllame.
Palpitaciones, respiración acelerada, sudores fríos, contracciones por todo el cuerpo... La miro y me mira, nos miramos. Miro su cuerpo, deseo su cuerpo, me como su cuerpo; bocado a bocado sigo el camino que quiero, quiero descender por sus curvas, morir en sus pechos, jugar con mis manos antes de llegar, quiero comerle el coño; los suspiros y los gemidos se suman al carnoso sonido de mi boca. Miro sus facciones pervertidas y ella mira las mías. Nos convertimos en animales poseidos por la lujuria. Los animales follan, los animales jadean, los animales gritan, se contorsionan, arañan, muerden, gimen, aúllan... los animales llegan al orgasmo tan rápido que caen rendidos uno encima del otro.
- Por supuesto.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Todo rojo

Cuando salgamos de la carretera...
Tendremos un accidente
Un león besará a un ciervo
Y las cosas dejarán de tener sentido.
Mantengámonos en la carretera.

#Haiku

miércoles, 5 de octubre de 2016

Ya no me asomo a su sonrisa

Estás haciendo cualquier cosa normal. Estás pensando en tus cosas. Seguía vivo. Entonces recordé que ella rió con algo parecido. Esa risa. Estás pensando en ella. Sigues vivo. Recuerdas cuando fue. Recuerdas qué era. Estás pensando en ella. Ya no haces cualquier cosa. Sigues vivo. ¿Estás haciendo algo? Recuerdas cómo era el momento. Una cama. Un portátil. Un vídeo en YouTube. Una cama. Estás haciendo 'una' cosa. ¿Sigues vivo? Sigues pensando en ella. Suena tu propia risa. Recuerdas cómo era. Sigues vivo. Recuerdas sus piernas. Recuerdas su abdomen. Recuerdas los lunares de la espalda. Recuerdas unas manos suaves. Sigues vivo. Estás en ese momento. Recuerdas ese momento. Sigues vivo. Claro que sigues vivo. Esa risa. Recuerdas esa risa. ¿Recuerdas esa risa? Te das cuenta de que no recuerdas esa risa. Su risa... ¿Recuerdo esa risa? No... No te acuerdas de su sonrisa. Mueres. 

martes, 13 de septiembre de 2016

El mensaje


[13/9 14:46] Alejandro: Tengo un sueño recurrente.
[13/9 14:46] Alejandro: Siempre tengo que dar el último beso a mi familia antes de salir de viaje... yo muero en el accidente del avión. Todo sucede como en una película.
[13/9 14:46] Alejandro: La escena se repite y vuelvo a aparecer bajo el quicio de la puerta, con las maletas en los pies, despidiendome de mi mujer y mi hija.
[13/9 14:46] Alejandro: Y lo repito otra vez... .
[13/9 14:46] Alejandro: Y regreso, sabiendo que voy a morir, y tengo que despedirme de ellas.
[13/9 14:47] Alejandro: Esa es la peor tortura que se le puede ocurrir a mi subconsciente.
[13/9 14:49] Ella: (Escribiendo...)

viernes, 26 de agosto de 2016

La vuelta a casa

Habían pasado mil noches. Entre ellas, mil mujeres, mil amores, mil aventuras, mil historias rápidas. Unas acabaron bien y otras acabaron mal. El cielo ya no era el mismo. Unas estrellas se habían apagado y otras encendido. Había pasado tanto tiempo que no recordaba su olor, el color de sus ojos o de como me tocabas. Como el Cometa Halley, habías pasado y no te habías detenido. Por mi parte, siempre que vuelvo tambaleante, sosegado y ebrio a casa, con el silencio y la noche de compañeros, -siempre- pienso en ti.